El Teatro de los "Pupi" sicilianos
Dejando de lado cuándo, dónde y cómo nació el teatro de los pupi, vemos en cambio como se difundió en Partinico, que después de Palermo fue el centro más importante porque allí se transfirió en la mitad del siglo diecinueve Don Liberto Canino, que conociendo a Maria Lodato contrajo matrimonio y tuvo cinco hijos, de los cuales dos (Luigi y Antonio) continuaron su obra. Don Liberto Canino junto con Don Gaetano Greco son recordados por haber dado inicio a los orígenes del fenómeno palermitano.
Giuseppe Pitré lo considera como un reformador de la obra, sobretodo por haber realizado la coraza del casco de los pupi en metal. A nosotros nos interesa porque es el primero de una familia de "puparos" que trabajó mucho tiempo en Sicilia.
Don Liberto tenía su caballo de batalla, como recuerda Pitré, en el episodio "Combate de Orlando y Rinaldo" pero no deja de llevar a la escena otros temas históricos o de la vida social de aquel tiempo. Ciertamente si no fue el primero en transformar la vieja marioneta en el clásico pupo guerrero, fue sin embargo entre los primeros a recibir las novedades y a hacerlas suyas.
En la preparación de los pupi, que Don Liberto construía él mismo, además de la muy buscada y atenta expresividad de los rostros, hay que tener en cuenta el repertorio ornamental de las armaduras. La elección del diseño y de los rasgos somáticos no es casual, hace referencia a cánones prestablecidos, que en tal caso son utilizados para individualizar al personaje. De este modo sale a la luz la figura de Rinaldo, personaje típicamente italiano de la epopeya caballeresca, que goza de la simpatía del público. Y luego Carlo Magno, el poderoso en tierra, que sufre de su humana incapacidad de impedir la masacre de los jinetes, preanunciada por Dios en una visión. Y también están los otros héroes, desde Orlando a Oliverio, de Rizziero a Ugiero Danese como los héroes saracenos: Gano di Maganza, Amone, Ferraú.
Los personajes femeninos tienen una figura "bambolesca" de la mujer de rostro redondo e ingenuo, de los ojos vivos y de largos cabellos sobre las espaldas.
El hijo de Don Liberto, Antonio, aunque si los estudiosos se han detenido poco en su actividad, merecería un estudio más profundo, porque fue sin dudas uno de los mejores puparos del tiempo y por la riqueza de los pupi heredados del padre, y en parte directamente contruídos por él mismo, pero sobretodo por la capacidad de dramatización; era dotado de una profunda voz de barítono que se adaptaba muy bien al trabajo de puparo, llegando siempre a entusiasmar al público como nos afirma el nieto Antonino que trabaja aún en Partinico en forma esporádica.
El teatro de los pupi llegó desde hace tiempo a su final, porque aquella sonoridad melancólica, elocuente y melodramática no encuentra más el público ingenuo y apasionado de un tiempo atrás, no pueden volver los tiempos cuando un partinicense, Miano Giordano, amante del espectáculo de los pupi, sistemáticamente tiraba su zapato sobre la cabeza de Gano di Maganza, y como cuando otro partinicense iba, después del espectáculo, a la casa de Don Antonino Canino para llevar de comer a Rinaldo encerrado en prisión. ¿Exageración? ¿Leyenda? No, era el síntoma tangible de una participación activa, de una correspondencia perfecta entre lo que ofrecía el puparo y lo que quería nuestra gente.
Tommaso Aiello
Extraído de "Sicilia in festa - Tradizioni e folklore" - Ediciones Greco
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